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Entrevista a Kevin Powers

12 enero, 2013

La editorial Sexto Piso publicó Los pájaros amarillos, de Kevin Powers, una novela que recrea de manera brutal y conmovedora la guerra en Irak, de la que el autor es veterano. El libro fue nominado en EE UU al National Book Award, que finalmente obtuvo Louise Erdrich, con The Round House. Tuve el placer de charlar con Powers en el Foro Auzolan. Y esta es la transcripción del diálogo que la revista Quimera publica en el número 350, de enero de 2013.

Roberto Valencia: Mucha gente se pregunta cómo es que un escritor se ve envuelto en la guerra de Irak como soldado… ¿Cómo llegaste allí?

Kevin Powers: Yo tampoco sé muy bien cómo. Sé que me pidieron que fuera con el pretexto de buscar armas de destrucción masiva pero desde el principio era evidente que ese no era el caso. Así que a día de hoy no sé muy bien por qué, es una respuesta que llevo años intentando encontrar.

RV: De todas maneras, entiendo que fuiste voluntario…

KP: Tenía 17 años y supongo que pesó el aspecto económico e, incluso, una cierta noción de aventura…

RV: La idea de vivir una “aventura” yendo a la guerra es algo difícil de entender…

KP: Lo es. Pero ten cuenta que crecí en una ciudad pequeña, y que ir a la guerra significaba para mí algo más parecido a conocer lugares lejanos, a ver sitios diferentes, que a cualquier otra cosa. La guerra de Irak vino después de que yo me alistara.

RV: Y cuando te envían a Irak ¿qué es exactamente lo que te tocó hacer allí?

KP: Formé parte de una unidad específica que hacía búsquedas de armamento, yo era de los que daban protección a la unidad.

RV: Cuando volviste, ¿volviste diferente?

KP: Sí, porque en un año en la Guerra puedes vivir toda una vida, aprendes a conocer cosas como la muerte y el sufrimiento, que antes te eran ajenas. Por eso es difícil volver a un país, a una sociedad, que no entiende el miedo, la confusión y la rabia que la guerra te produce.

RV: Supongo que hay estructuras mentales que se te quedan, en fin, todos tenemos esta idea del veterano de guerra que vuelve con problemas psicológicos… sin ir muy lejos, el protagonista de tu novela.

KP: Sí, creo que solo cuando regresas te das cuenta de cuánto has cambiado, y precisamente de eso trata la novela. Creo que mi país debería ser más consciente de que la gente que se envía a la guerra vuelve con algún tipo de secuela física o psicológica. Por eso me parecía importante retratar una experiencia personal en la novela, algo que fuera más allá de los índices estadísticos.

RV: Es increíble que todavía la guerra pueda llevarte a pensar en cosas como la aventura, la comunión con tus compañeros, derrotar a los malos, que son ideas más o menos infantiles.

KP: Bueno, históricamente hubo casos en los que esas cosas eran ciertas, pero hoy en día eso es algo que no existe.

RV: ¿Qué es la guerra para ti?

KP: La producción de la muerte.

RV: ¿Y cómo cambió tu percepción de la invasión a Irak cuando volviste?

KP: Mi idea era que tenía que terminar, era lo único en que pensaba.

RV: ¿Cuándo y por qué empezaste a escribir Los pájaros amarillos?

KP: Unos dos años después de volver. Yo siempre había escrito ficción y poesía, así que cuando volví escribí un montón de poemas sobre el tema, pero de alguna manera me di cuenta de que necesitaba otro lenguaje, otro espacio. Creo que siempre intenté entender cuál era mi lugar en el mundo y escribir fue mi intento por entender.

RV: ¿Y sientes que lo lograste?

KP: Creo que entendí las preguntas más claramente.

RV: ¿Qué influyó más en la escritura de Los pájaros amarillos, la propia experiencia bélica o la literatura que formaba parte de tu imaginario?

KP: Yo diría que una combinación de ambas cosas. Mi experiencia literaria, los libros que había leído… ya tenía una influencia en mi vida antes de la guerra y eso obviamente influyó en la forma en la que viví todo eso.

RV: Los pájaros amarillos es una novela dura, sobria, pero hermosa.

KP: Gracias. Creo que el lenguaje te permite llegar a gente que de otra manera no podría conocer ciertos aspectos de la guerra porque la tendencia natural de las personas es hacer caso omiso de lo que ocurre. Si el lenguaje es bello es mejor.

RV: El lenguaje es como una llave.

KP: Lo es, por lo menos para mí. Tiene el poder de transformar una experiencia íntima y única, en una experiencia común.

RV: A veces tenemos la idea de que un lenguaje hermoso es un adorno innecesario para transmitir el drama o algo importante.

KP: Ya. Para mí la calidad del lenguaje es fundamental. Pienso por ejemplo en Williams Carlos Williams, que habla de no intentar decorar el mundo, sino llenarlo de imaginación y humanidad. Pienso también en los pintores románticos y en su idea de la terrible belleza, de que hay belleza en el simple acto de entender.

RV: ¿Cómo ha sido recibida la novela en EE UU? El Ejército, por ejemplo, no queda muy bien parado.

KP: Al parecer la recepción ha sido muy positiva en general. Y sobre el Ejército, bueno, ellos han demostrado por sí mismos que son capaces de participar en acciones terribles. Verás, el Ejército está hecho de muchas personas y no todas son malas. Por otra parte, lo que no se puede pensar es que son solo un conjunto de héroes. Las circunstancia de estar en una guerra ciertamente saca muchos de los perores aspectos de la condición humana. Precisamente para uno de los personajes de la novela, el sargento Sterling, cultivar esos aspectos negativos se vuelve parte de su filosofía.

RV: ¿Te preocupa la polémica que pueda generar el libro?

KP: No. Para mí sería fácil definir a los soldados como buenos o malos, pero creo que cada persona tiene un poco de ambas cosas y eso es lo que quiero demostrar.

RV: Pero uno naturalmente espera que los libros cambien un poquito el mundo…

KP: Ya, pero eso es muy difícil de mesurar. Quiero decir, a mí me ha ocurrido, así que si alguien viene y me dice que el libro lo ha cambiado, me sentiré satisfecho, pero no es ese mi objetivo.

RV: Tu libro ha sido comparado con la novela de Tim O’Brien, Las cosas que llevaban los hombres que lucharon. Te leo un fragmento, algo que dice el protagonista, un soldado: “Una auténtica historia de guerra nunca es moral, no instruye ni alienta la virtud ni sugiere modelos de comportamiento humano correcto, ni impide que los hombres hagan los cosas que los hombre siempre han hecho. Si una historia parece moral, no la creáis, si al final de una historia os sentís edificados o si sentís que una partícula de rectitud se ha salvado de la devastación a gran escala, entonces habéis sido víctimas de una mentira muy antigua y terrible: no hay la más mínima rectitud, no hay virtud, en consecuencia la primera regla básica es que puedes distinguir una autentica historia de guerra por su lealtad absoluta y sin concesiones a lo repugnante y soez”. ¿Estás de acuerdo?

KP: Absolutamente. Además creo que es peligroso escribir sobre la guerra e intentar influenciar en la opinión de los lectores, intentar explicar si tal guerra es justa o injusta, por ejemplo, porque al hacer eso le quitas peso a lo único que realmente importa, a la verdadera ecuación: guerra es igual a muerte. Sobre lo otro, creo las personas pueden sacar sus propias conclusiones.

RV: ¿Cuánto de lo que describes en Los pájaros amarillos es real?

KP: Comparto ciertas características superficiales de mi biografía con el personaje, pero desde luego no soy yo. Como responsable de él entiendo que la gente nos identifique, pero creo que las cuestiones más importantes surgen después de las preguntas sobre si tal o cual cosa es real o no.

RV: ¿Dirías que tu novela es una novela pacifista?

KP: No era mi intención escribir una novela pacifista o belicista. Como Tim O’Brien, lo único que he intentado es ser honesto con lo que ocurrió allí.

RV: Pero aunque no haya un discurso explícito una novela que revele los horrores de la guerra ya es una novela pacifista.

KP: Si eres honesto supongo que se hace evidente que la guerra es mala.

RV: Sobre los medios de comunicación… ¿crees que tu novela discute la versión oficial de la guerra?

KP: Habiendo estado dentro allí, mi capacidad de ver esa “versión oficial” sea la que sea, es nula. Lo único que conozco es la brutal realidad. En todo caso, muchos civiles me preguntan cómo fue estar allí, qué pasaba realmente allí… Eso me hace pensar que no creen demasiado en lo que les dicen o lo que les intentan vender.

RV: En Europa tenemos la idea de que los americano no son demasiados conscientes de que EE UU ha intervenido en muchas guerras durante el s. XX

KP: Es así si hablas de un sector de la población. Pero no es verdad para los 300 millones de habitantes. Es cierto que la población que parece naif e ignorante de esta información se hace notar mucho.

RV: ¿Te gustaría que esa gente te leyera?

KP: Me gustaría que me leyera cualquiera que busca un entendimiento de la guerra.

RV: ¿Te gustaría que veteranos de guerra leyeran tu novela y se sintieran reconfortados?

No tengo ni idea, no quiero que nadie piense nada específico. No he pensado en ello.

RV: Creo que hay valores, como la piedad, que están muy presentes en la novela…

KP: Yo hablo de gente que ha participado en cosas horribles, pero que también ha tenido su parte de sufrimiento. Me interesa mostrar ambos aspectos, no condenarlos. Y sí, hay algunos personajes que podrías decir que son castigados por las circunstancias, pero guardo compasión incluso por ellos, particularmente por el narrador. Él no va a encontrar salvación alguna pero sí una forma de aceptación que le permite continuar.

RV: ¿Seguirás escribiendo sobre este tema?

KP: Poemas tal vez, no tengo en mente escribir otra novela.

RV: ¿Esperabas la nominación al National Book Award?

KP: No, cuando mi madre me llamó para decírmelo yo no tenía ni idea.

RV: Irak es una herida abierta. Quizás hubo sentimientos nobles en la invasión, probablemente no, pero en cualquier caso Irak sigue siendo una herida abierta. ¿Qué piensas cuando ves Irak en el mapa? ¿Qué sensaciones te produce?

KP: Pienso mucho en eso. Espero volver algún día y que la gente que sufre ya no sufra más. Y creo que las heridas se curan, creo que eso es posible.

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