Skip to content

Entrevista a Yuri Andrujovich

1 junio, 2012

Sus libros no esperan al lector: se abalanzan sobre él. Y lo hacen arrojándole un frenesí textual: mezclas de géneros, interrupciones en el orden de los acontecimientos, elementos dispares, extrañamiento… ¿Es la suya una literatura barroca? ¿Intenta representar distintos órdenes de la realidad de una sola vez?

Yo no consideraría barroca mi literatura, aunque es posible que algunas de mis obras tengan trazos barrocos. Seguramente esta observación resulte especialmente pertinente en el caso de Perverzión, pues en el centro de la novela está Venecia, una ciudad en gran medida barroca: llena de ornamentos, extremadamente complicada. Pero también he escrito textos muy distintos. Quizá lo más correcto sería decir que de vez en cuando me permito a mí mismo algún juego con el barroco. Pero, por favor, no se tome esto muy en serio: Al fin y al cabo vivimos en el siglo XXI y no a principios del XVIII…

¿Cree que este estilo barroco pertenece a otro tiempo, al tiempo de las vanguardias de principios del siglo XX?

Creo que este estilo podría ser un eco de aquella estilística que mis amigos Viktor Neborak, Sashko Irvanez y yo denominamos “Bubabismo”. Los tres fundamos en 1985 un grupo literario llamado “Bu-ba-bu” –de ‘burlesco, Balagan (‘tenderete de feria’), bufonada’–, que unos consideraron neo-vanguardista, otros neo-barroco y los terceros posmoderno, aunque en mi opinión todas estas denominaciones no son sino palabrería en torno a unas mismas características de estilo. En cualquier caso Perverzión marca el fin de una determinada fase de mi obra; a partir de esta novela nunca he vuelto a escribir de una manera tan “barroca”.

Sus libros rezuman sensualidad. Parece que sus personajes están poseídos por la pasión.

Una observación sorprendente. Los críticos ucranianos suelen reprocharme que mis personajes resulten de algún modo desaboridos, así que la apreciación que usted hace me gusta mucho más. A mí me gusta verlos como criaturas sobresalientes, extraordinarias. Si usted quiere, incluso monstruosas.

Esta sensualidad, ¿guarda relación con cierta concepción festiva de la vida?

En efecto, en cierto modo es la continuación de mi versión de lo que hay de humano en una persona. Soy adepto a la teoría del homo ludens.

Sus novelas plantean enormes sátiras. En Moscoviada se parodiaban numerosos elementos del imperialismo ruso y en Perverzión, muchas facetas culturales de Occidente. ¿Considera que su literatura es fundamentalmente política?

Si se entiende “política” en su sentido más amplio, es decir, en cuanto crítica social, comunicación o gesticulación, entonces sí. Al fin y al cabo Lenin escribió una vez que resulta “imposible vivir en una sociedad y verse libre de ella”. Aun así tienen razón quienes dicen que Perverzión es la menos política de mis novelas, incluso en el sentido más amplio del “ser político”.

En España no es habitual que la novela política opte por la sátira. Quizás (sólo quizás) se tiene la impresión de que la crítica se diluye en el ingenio de la caricatura y en el fragor de lo parodiado. El lector se ríe y se asombra por las exageraciones pero eso no cala porque hay demasiada distancia entre la realidad y la ficción. Creo que es una opinión generalizada. ¿Considera usted que la sátira es el lenguaje más útil para la literatura política?

No lo creo. Tampoco creo que mi variante particular pueda ser considerada una sátira. Yo no escribo de manera satírica, sino grotesca. Puede que sean las dos ramas de un mismo árbol, el de la “cultura de la risa” según lo denominó el filósofo ruso Mijaíl Bajtín, pero siguen siendo dos ramas distintas. Sobre la cultura de la risa pueden leerse cosas muy interesantes en la obra de Bajtín, sobre todo en su colosal ensayo sobre François Rabelais. La aproximación satírica dentro de la literatura me parece algo más lineal y por eso mismo menos interesante. La aproximación grotesca es más compleja y más independiente de la realidad. La sátira refleja una realidad que ya existe, mientras que lo grotesco crea una realidad propia y nueva.

Su trabajo, ¿tiene un efecto real en la conciencia de sus lectores?

Sí, mis lectores suelen decírmelo. Me hablan de ello en mis presentaciones y coloquios o me lo expresan por escrito. Pero no se trata de un fenómeno de masas, sino de un fenómeno individual. Trabajo con el lector de tú a tú, y no en una hipnosis de grupo.

Antes ha mencionado el grupo Bu-Ba-Bu. ¿En qué consistía? ¿Contra qué o quiénes dirigían su actividad?

Se lo diré muy brevemente, yendo sólo a lo esencial, ya que no disponemos de espacio para grandes explicaciones: Nuestro grupo surgió en una época en la que éramos muy jóvenes; cada uno de nosotros se sentía en situación de transformar la catastrófica situación de la poesía ucraniana del momento. No encontrábamos poemas que nos gustaran, razón por la que nos propusimos escribirlos nosotros. Y si con eso íbamos contracorriente, lo hacíamos sobre todo contra ese trasfondo gris tradicional que otros llaman “poesía ucraniana soviética”.

¿Tuvo problemas con las autoridades soviéticas?

Por suerte no tuve problemas tan graves como para justificar que los explique aquí. Pillamos un buen momento. El poder soviético se iba debilitando y declinaba, eran los tiempos de Gorbachov, el final de los ochenta; nuestros coetáneos y nosotros nos permitíamos un desprecio cada vez más abierto por todo lo “soviético”.

¿Cuándo se extinguió el grupo?

Formalmente nunca anunciamos nuestra separación, así que en el fondo nunca se ha extinguido. Pero a mediados de los noventa cada vez actuábamos menos los tres juntos, como grupo Bu-Ba-Bu. Cada uno de nosotros empezó a trabajar en un proyecto propio o en cooperación con otros artistas. Pero hasta el día de hoy nos gusta encontrarnos de vez en cuando para actuar juntos cuando hay algo que nos motive, como un aniversario del grupo, la publicación de algún libro conjunto, etc.

¿Cree que la acción de los intelectuales o de los escritores sigue siendo útil para revertir las injusticias?

Vivo en un país en el que ya no queda gran cosa en que creer. Hace unos años este país era libre, ahora ya no. Ante el trasfondo de la falta absoluta de derechos, el papel del escritor gana en importancia, y no tanto por sus obras en sí sino por sus juicios y opiniones políticas. En cierto modo los escritores e intelectuales se están convirtiendo en instigadores de protestas contra el gobierno actual, se expresan de una manera más espontánea y, por tanto, mucho más sincera que muchos políticos de la oposición.

Hablemos de Moscoviada. Es una novela que me impactó. Ahí describe usted el Instituto Gorki de Moscú desde una perspectiva implacable. ¿Realmente era un sitio tan decadente?

Por aquel entonces sí, aunque no conozco su estado actual. No debemos olvidar que mis estudios en Moscú recayeron en los últimos dos años de la URSS. El imperio se estaba desmoronando y seguramente era en su centro neurálgico donde más se notaba. Por lo que respecta al instituto en sí, imperaba en él una atmósfera muy específica. En los tiempos en los que la URSS era un estado fuerte, esta institución constituía una especie de albergue para disidentes. Al final de la Perestroika el instituto se convirtió de manera totalmente inesperada en un lugar conservador de claras tendencias imperialistas, incluso más intensas que en otras instituciones culturales.

¿Se han escrito muchas novelas como Moscoviada en Rusia y en Ucrania? En España conocemos los relatos del GULAG pero es relativamente desconocida la literatura sobre la corrupción del funcionariado soviético, sobre la represión, sobre los engranajes políticos del Imperio…

No, no existen muchas novelas de ese tipo. Moscoviada es un caso excepcional. Creo que es normal. Esta novela fue escrita por un autor que en Moscú era un forastero, que venía a visitar la capital procedente de una colonia y que vivió en esa capital durante los últimos dos años del imperio. Fue una experiencia única.

Una pregunta política: ¿cree que la época comunista es vista hoy día en Rusia como una etapa más del Imperio Ruso?

Sí, sin lugar a dudas. Se trata de una construcción que Putin retomó de sus antecesores, especialmente de Stalin. La monarquía rusa suele plasmarse de una manera igual de positiva que la Rusia comunista. Son distintas manifestaciones de la misma configuración política y estatal.

He creído detectar que el Bulgákov de El maestro y Margarita está presente en Perverzión… ¿Lo considera uno de sus referentes?

Sí, uno entre muchos. Aunque en la época en la que escribí Perverzión la influencia de Bulgákov ya no era ni mucho menos tan significativa como durante mis tiempos de estudiante, cuando leí por primera y última vez El maestro y Margarita. En Perverzión puede percibirse la influencia de Gógol, que a su vez también se hace perceptible en Bulgákov. Es decir, en realidad lo que más me vincula a Bulgákov es la circunstancia de que Gógol tuviera una gran importancia para los dos.

¿Qué aspectos le interesan de su obra?

Sobre todo la mezcla de elementos míticos, fantásticos y satíricos. Pero quisiera insistir una vez más: en la edad de oro de literatura rusa todo eso ya lo practicaba el ucraniano Gógol, sobre todo en sus primeras creaciones, en las que se perciben claramente los referentes a Ucrania y a su “romanticismo mágico”.

Hablemos un poco más de Perverzión. En la novela se van criticando, uno a uno, distintos perfiles contemporáneos de la cultura occidental: la feminista radical, el frívolo neorromántico, la grandiosidad pueril de la ópera…

En Perverzión no hay una crítica consecuente y generalizada a la cultura occidental: sólo ciertas pullas destinadas a determinadas corrientes intelectuales que estaban de moda hace veinte años y que en Ucrania muchas veces fueron retomadas y mal interpretadas. Mi principal reproche por lo que respecta a nuestros vecinos occidentales de entonces era su incapacidad para comprender una verdad bastante simple: que Ucrania no es Rusia. Seguían ubicándonos, por así decirlo, en “la mitad rusa del mundo”.

Es un texto metaliterario. Hay un Yuri Andrujovich y algunos personajes saben que son personajes de su ficción. ¿Le interesan estas estrategias posmodernas? ¿Por qué las utiliza?

Por entonces me pareció divertido. En la literatura ucraniana nadie lo había hecho antes, aunque todos los ucranios cultos por lo menos habían oído hablar de la obra de Laurence Sterne. Al citar aquí este nombre pretendo sugerir que mis estrategias no necesariamente han de ser calificadas de posmodernas.

Si miramos las biografías de algunos de los escritores rusos, descubrimos que nacieron en Ucrania. Me refiero a Grossman, Bulgákov, Gógol, Solzhenitsyn, Bábel, Anna Ajmátova… La historia de Ucrania y de Rusia han estado unidas y algunos de estos autores han tratado temas específicamente rusos o soviéticos. En lo que se refiere a la recepción de estos escritores en Occidente, ¿cree que cambia algo importante de sus obras si los consideramos ucranianos y no rusos?

No, no creo que precisamente los nombres que usted menciona deban considerarse como parte de la literatura ucraniana. Quizá Gógol, hasta cierto punto. En realidad la literatura ucraniana tiene sus propios grandes nombres y no es culpa suya que el mundo apenas los conozca. De Joyce se sabe que era un autor irlandés, aunque escribiera en inglés. Pero el “caso” ucraniano es muy distinto. Considero escritores ucranianos a los que han escrito en ucraniano. Como en tiempos del imperio ruso escribir en ucraniano era tanto económicamente inconveniente como políticamente peligroso, estos escritores merecen nuestro respeto y reconocimiento, aunque sólo sea por el hecho de no haber traicionado ni abandonado esa lengua “sin perspectivas” y por no haberse pasado a la lengua rusa imperante.

¿Cuáles son sus escritores de referencia?

Como lector con 45 años de experiencia, tendría que responderle con una lista interminable de nombres. Me han entusiasmado autores distintos en distintas fases de mi vida, y es natural que así sea. Pero trataré de responderle muy brevemente: en estos momentos soy un atento lector de Bruno Schulz, pues estoy tratando de trasladar de nuevo al ucraniano su singular prosa. Precisamente la traducción me permite profundizar hasta los lugares más recónditos de su universo maravilloso y alucinatorio. En los últimos años había leído varias veces su obra completa, en la que ahora me estoy dejando los cuernos. Después, al ponerme a traducir, comprendí asombrado cuántas cosas me había perdido en la lectura al no apercibirme de ellas o al olvidarlas. Así que actualmente Bruno Schulz es mi número uno entre los escritores.

Anuncios
No comments yet

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: