Skip to content

Entrevista a Mariusz Szczygieł

29 febrero, 2012

Los buenos periodistas no son meros recopiladores de datos, sabuesos en busca del indicio que revela una trama. También son finos estilistas y grandes conocedores del comportamiento humano. El polaco Mariusz Szczygieł pertenece a esta estirpe. Su libro Gottland, que toma como campo de actuación los distintos cambios políticos y culturales de Checoslovaquia en el siglo XX, da una muestra de ello. Crónicas ágiles, exactas y conmovedoras, que nos acercan los dramas personales y las coyunturas colectivas con gran claridad. La portada, una de las imágenes más célebres del gran fotógrafo Josef Koudelka, ya da la pista de la excelencia de un libro que ganó en Francia el Premio Libro Europeo de 2009. A través del mail y gracias al notable trabajo de traducción y de mediación de María Dolores Pérez, charlamos con Mariusz sobre la historia de Checoslovaquia –ahora República Checa– y sobre su trabajo como cronista.

Desconozco las circunstancias que le llevaron a esta investigación sobre Checoslovaquia. ¿Por qué eligió este país como objeto de trabajo?

Durmiendo una noche en un hotel de Arlés, me despertó un ruido horrible. Varios italianos volvían a sus habitaciones armando jaleo. Me senté en la cama y dividí a la humanidad en dos grupos. El primero lo formarían aquellos que vuelven a casa por la noche tras estar de fiesta, hablando en alto y haciendo ruido con los zapatos por las escaleras, sin preocuparse de lo que puedan decir los vecinos. El segundo grupo englobaría a los que vuelven en silencio, de puntillas, sin ni siquiera encender la luz para no despertar ni enfadar a los vecinos. Mi hipótesis es que, en el transcurso de la historia, los checos pertenecen más bien al segundo grupo. Yo también. Considero que en su carácter nacional he encontrado algo que me resulta personalmente cercano. Una vez hablé de esta hipótesis públicamente en la República Checa y me llegó una carta de un lector que ponía: “Tiene usted razón, los checos somos así, tememos a los más fuertes y nos doblegamos ante todos los que nos rodean. Sólo que a veces, volviendo en silencio por un pasillo a oscuras, uno puede caerse por las escaleras, romperse los dientes y hacer mucho ruido”.

Desde la caída del muro de Berlín, muchos libros han contado la represión social, política y cultural de los regímenes comunistas. ¿Está todo dicho ya?

¿Sabe usted por qué yo hablo de ello? Pues porque no me gusta el modo en el que lo cuentan otros. Ni siquiera me he planteado si tengo algo nuevo que decir. Quería escribir a mi manera acerca de un pueblo que me fascina. No pensé que estaba escribiendo un libro acerca de la “represión comunista, de la que ya han escrito otros”. Pensé que escribía un libro sobre el valor, el miedo, el amor, la muerte, la traición, el control.

El hecho de que la industria del entretenimiento tome la represión comunista como tema de películas y libros de masas, ¿puede hacer que los hechos terribles de este período se descontextualicen? ¿Que el Gulag y la Stasi se conviertan en peripecias de la industria del espectáculo, como ha ocurrido ya con la Shoah en Hollywood?

Si surgen libros o películas, pues bienvenidos sean. Cualquier modo de mostrar la historia es bueno. Sin la historia no existiría el presente.

¿Cree que, en los países que no formaron parte del Pacto de Varsovia, libros como el suyo vienen bien para no hablar de los aspectos negativos del capitalismo y de las democracias parlamentarias?

A mí me gustaría que los lectores tras la lectura de mi libro hablasen de todo.

Personalmente me ha parecido percibir que Gottland habla del pasado, sí; expone sus puntos negros, también; pero también trata de entender el presente. ¿Cree que su libro tiende puentes con el momento actual?

Por supuesto que sí, porque puede que alguien que trabaje en una compañía moderna de hoy en día, al leer Gottland piense que su empresa, que cotiza en bolsa, no difiere mucho en sus prácticas de los métodos de manipulación del ser humano del sistema comunista. Le contaré algo curioso. Cuando se publicó en Polonia El emperador, uno de los libros del mayor reportero polaco, Ryszard Kapuscinski, que trata del régimen de Haile Selassie en Etiopía, se pensó que era una metáfora del sistema comunista, que no había escrito acerca de Etiopía, sino acerca de la Polonia de los años 70. Cuando se publicó en la Europa Occidental, un crítico suizo escribió que era una metáfora de la cultura empresarial del mundo capitalista. Cualquier buen libro debería tender puentes geográficos, culturales e históricos.

¿Cree que en los países excomunistas ha habido continuidad entre los sistemas? (Me refiero a prácticas antidemocráticas, a corrupción, a permanencia de altos cargos en las instituciones, al cierre de la posibilidad de ascenso social…)

Existen las mentiras del comunismo, las mentiras del nazismo, las mentiras de la iglesia, las mentiras del capitalismo, las mentiras de la democracia; el sistema siempre ha sido fuente de sufrimiento. El capitalismo no reparte la riqueza equitativamente; lo que no reparte equitativante el comunismo es la pobreza. Y no hay nada que hacer.

¿Cómo afecta eso a la calidad de la democracia?

La democracia está bien. Es peor el capitalismo. En el mundo capitalista de hoy en día, ya no se ve al ser humano. El escritor checo Pavel Kohout pronunció en su día una frase que a mí me gusta mucho: “El capitalismo comete otra vez los mismos errores, es tan inhumano y cruel que en su desgracia produce de nuevo comunistas”.

¿Qué diferencia las prácticas de las antiguas sociedades de control comunistas de los actuales paparazzis?

Bajo mi punto de vista, la diferencia entre los trabajadores de la policía secreta comunista (KGB, Stasi o la StB checa) y los paparazzi, y las redacciones que les compran material es mínima. Se comportan del mismo modo. Destruyen la dignidad del ser humano del mismo modo, usan métodos parecidos. Sólo que los segundos se justifican con la libertad de palabra. De verdad, hacer escuchas a los móviles de famosos o fotografiar a Sofía Loren desnuda escondidos bajo la ducha para ver lo arrugado que tiene el cuerpo no tiene nada que ver con la libertad de palabra. Es quitarle la dignidad a esa mujer públicamente. Es un ejemplo de cómo una ideología puede convertir a algunos en esclavos. Es la ideología del dinero.

Me han fascinado las historias que cuenta en su libro. Particularmente me interesa la de Eduard Kirchberger / Karel Fabián y sus fluctuaciones entre la resistencia y la cobardía. La primera sorpresa es que ignoraba que en la Checoslovaquia pre-socialista estuviera extendida la literatura de género. ¿Había buenos libros de terror, ciencia ficción, etc.?

Sí, pero no soy un experto en el tema.

Lo segundo son los giros que Eduard imprimió a su ideología (o a su no-ideología). ¿Se puede entender el comportamiento de alguien que fue torturado por los nazis, que se transformó en un siervo de la propaganda comunista, que delató a compañeros?

Por supuesto. Puede llegarse a entender a cualquiera. No hablo de justificar, sólo de entender. Porque la justificación supone que el sujeto en cuestión no asume las consecuencias de sus actos. La tarea del reportero es entender. A mí, además, me tiene que gustar mi protagonista. Sólo así puedo llegar a entenderle. Incluso aunque sea un delincuente. Una vez me encerraron en una celda con el primer asesino por encargo polaco. Después de 1989, en Polonia empezaron a existir los asesinos por encargo. El guarda me mostró el botón de seguridad que tendría que apretar si el preso se ponía agresivo. Era joven, llevaba el pelo largo, era delicado. Palabra, parecía el guitarrista de un grupo de rock. Le había llevado cigarrillos. Me cayó bien. Me dijo que matar a alguien era como coger una fruta de lo alto. Se piensa sólo en cómo conseguirlo; por un momento, no se ve nada más allá de ese objetivo. En el reportaje que redacté para el periódico puse una frase que no le gustó absolutamente nada. Al parecer, dijo que cuando saliera de la cárcel, me encontraría y me mataría por esa frase. ¿Sabe lo que escribí? Que durante la entrevista dijo: “Quédate un rato más…” Le destapé. Un preso no puede sentirse solo, tiene que ser fuerte. Pero lo que yo quería era precisamente mostrar su lado humano, presentárselo a los lectores bajo otro prisma, ir más allá de esa imagen de asesino por encargo.

¿Para sobrevivir en Checoslovaquia era necesario ser un héroe o un mártir?

Se podía sobrevivir sin problemas manteniéndose alejado de la gente. No había que protestar, había que adaptarse. Aunque se puede ver de otro modo. Hace poco falleció el director de cine checo Otakar Vávra a los casi 101 años. Fue un creador famoso bajo todos los sistemas. Ya antes de la guerra, con veintipocos, recibía premios por sus películas. Rodó películas durante la democracia de Masaryk; después sobrevivió la ocupación de Hitler; rodó con Stalin, durante el periodo estalinista participó en la nueva ola del cine de los años 60, después fue el director líder de la nueva estalinización de los años 70 – 80; y después de 1989 rodó durante el capitalismo. Hace algunos años me llamó un colega checo, un poeta, disgustado porque acababa de ver por tevisión una tertulia con Otakar Vávra, que tenía entonces 96 años. Al parecer, el director había revelado públicamente que el valor verdadero residía precisamente en adaptarse a todos los régimenes y en sobrevivir. Requiere inteligencia, ingenio y, sobre todo, coraje.

Ignoraba que Kafka fue un escritor prohibido. No sólo Kafka, ¡también lo kafkiano! ¿Qué es ahora Kafka en Chequia? ¿Un fetiche de consumo, una marca turística, un código de extrañamiento metafísico, alguien que ayuda a comprender mejor la sinrazón de la existencia?

Al menos lo último, porque no conozco prácticamente a nadie normal en la República Checa –que no sea profesor de literatura o escritor– que lea hoy en día a Kafka. La gente sabe lo que implica el personaje de Kafka, pero no lo leen en masa. Aunque los checos son los que más leen de Europa. Seguro que Kafka se siente reflejado en mi libro.

Me ha impresionado la garra de sus textos. Pero también su concisión, su capacidad para proporcionar información y su acercamiento al alma humana. ¿Cree necesario que la crónica periodística adopte herramientas de la ficción para ganar eficacia?

Aunque a través de la ficción se puede contar la verdad, como escribió Daniel Dafoe, y aunque pueda existir la invención verdadera, como la denominó el reportero Kisch, a mí me daría miedo inventar. Si los relatos fueran inventados, tendría que asumir la responsabilidad de las acciones, de las cualidades, de las características de los personajes, de su modo de hablar. Y si inventara horteradas, ¿entonces qué? Qué fiasco. En el caso del reportaje, la propia vida es la responsable de tales detalles. Yo puedo hacer ver que soy simplemente quien lo escribió. El protagonista del capítulo “Una película, hay que rodarla” de Gottland, Zdenek, un chico de 18 años, decide a ir desde su población de provincia hasta Praga para prenderse fuego en el centro en protesta contra lo malo del mundo. Efectivamente, se quema, cubriéndose de gasolina y saltando del muro al suelo, el fuego se extiende por todo su cuerpo. Muere en media hora con la piel quemada. Pocos días después fui a su ciudad y quise hacer el mismo trayecto que le llevó a Praga. Observé que al salir tuvo que ver varios carteles, el primero que había en la ruta ponía: “¡Ya es hora! Escucha la voz de tu conciencia. Hazte un lifting…” Tendrá que reconocer que si escribiera ficción y me hubiera inventado tal cartel sería una horterada barata. Pero lo inventó la vida. Así cuento con una justificación como autor y puedo escribir tales cosas impunemente. Sinceramente, no tener que pensar es un gran alivio para el autor.

¿Dónde está el límite de esta práctica?

Si me invento algo, en primer lugar, tengo que tener un motivo de peso, y en segundo lugar, se lo digo a los lectores. El escritor de ficción es Dios para el protagonista: puede hacerle de todo. Para el autor que no escribe ficción, es el protagonista quien es Dios. Si sé lo que hizo mi protagonista el martes y el jueves, y no sé lo que hizo el miércoles, no me lo puedo inventar, pero el escritor de ficción sí. Yo he de escribir: seguramente hizo tal y cual…

¿Reconoce a Ryszard Kapuscinski como influencia? Y si es así, ¿qué aspectos de su trabajo le parecen los más valiosos?

Consideraba cada detalle como parte de un todo más grande. Siempre intentó comprender por qué la gente se comporta de un modo y no de otro.

Hace poco se publicaron en España los libros de Gay Talese. Sus investigaciones sobre la mafia y sobre la sexualidad de la sociedad estadounidense de los años 60 están llenas de datos y de detalles, son intachables en el trabajo de documentación e inmersión en el medio, pero poco hábiles a la hora de capturar los impulsos delictivos o sicalípticos de sus protagonistas. Buen trabajo de método pero poca intuición literaria, poca empatía. ¿Cree que estos aspectos son importantes en el trabajo periodístico?

Lo más importante es documentarse bien, tener habilidades psicológicas y talento literario. Un autor ha de saber utilizar la forma. ¡Sin forma no hay nada! Para mí, imaginarme la forma literaria es como el sexo. Me encanta. Es más, un crítico literario ucraniano dijo en su día que cada uno de mis textos era como un streaptease. No descubro todo al principio, empiezo poco a poco, quitándome los guantes y después, lentamente, voy destapando el resto. En realidad intento escribir hasta lo más banal como si de suspense se tratara.

¿Le sorprendió que le dieran el premio del Libro Europeo de 2009 a un libro de no-ficción?

Sigo sorprendido hasta la fecha, sobre todo, porque al año siguiente, el premio lo recibió Roberto Saviano por la polémica Gomorra, y dos años después, la reportera polaca Anna Bikont por el libro My z Jedwabnego. Parece que la tendencia se mantiene. Puede que sea porque en el siglo XX ocurrieron cosas tan asombrosas que ya no hace falta inventarlas.

Anuncios
No comments yet

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: